Campo de concentración Dachau, el inicio de la Solución Final

¿Y si Hitler hubiera sido pintor como inicialmente quería? ¿Admiraríamos hoy sus obras como a las de Monet, Picasso o van Gogh? ¿En los libros de arte se describirían las técnicas de un genial pintor austríaco? ¿En los libros de historia se hablaría solo de una guerra mundial? ¿O hubiera igualmente estallado una segunda guerra que acabaría con la vida de más de 5 millones de personas? Probablemente no, no se mencionaría esta guerra porque no hubiera existido. Tal vez me equivoco pero yo creo en parte en el destino y creo que estaba escrito en alguna parte que ese fatÍdico 30 de enero de 1933, día en el que el Hitler asumió el poder en Alemania, se mancharía de sangre la vida de millones de personas inocentes en todo el mundo. Y que hoy no haríamos colas en museos, sino en campos de concentración no para admirar obras de arte sino para presenciar sufrimiento, atrocidades inhumanas y muerte. Esto es Dachau.

Dachau

No es morbo. Es respeto a la vida y el objetivo principal es no olvidar para no permitir que se vuelva a repetir. Recuerdo un discurso del Dalai Lama que dió en mi universidad durante su visita cuando yo era estudiante. Una de las personas presentes le preguntó si era mejor olvidar o perdonar. Y él respondió diciendo que para poder perdonar se necesita sobretodo recordar porque no se puede perdonar algo que se ha olvidado. Y que con el perdón liberamos al corazón y podemos vivir en paz.

Tiene tanta razón. Afortunadamente, siendo latinoamericana ningún pariente o amigo sufrió directamente la Segunda Guerra Mundial, pero creo igualmente que todos, incluso los que no debemos perdonar, por lo menos una vez en la vida debemos visitar un campo de concentración nazi porque ninguno debe olvidar. El de Dachau es particularmente importante porque fue el primer campo construido y por lo tanto sirvió de modelo para todos los demás.

Dachau

Las reglas del campo eran principalmente tres: la primera, vivir bajo un órden militar extremo (una mancha de café sobre la mesa era motivo de paliza); la segunda, ser castigado brutalmente por cualquier rebelión o intento de mejorar las condiciones de vida; y la tercera, trabajar, trabajar hasta morir literalmente. No por nada en la puerta de ingreso al campo se encuentra la famosa y cínica frase ‘Arbeit macht frei‘ – el trabajo te hace libre, que fue luego escrita en los ingresos de muchos otros campos.

Puerta de Dachau

Al pasar esa puerta, los prisioneros perdían todas sus propiedades, sus derechos, su dignidad humana e incluso su nombre, y se convertían en números y en mierda, como los mismos generales de las SS decían a los prisioneros que llegaban, Eres mierda y serás tratado como tal. Al verla, me sentí chiquita como una hormiga y pensé en la agonía y desesperación de las más de 200 mil personas que la atraversaron, de las cuales aproximadamente 40 mil murieron.

Dachau

El día en el que visité el campo con mi esposo, desayunamos súper rico en una cafetería en Mónaco de Baviera. Luego de caminar y caminar por casi tres horas hacia los puntos más importantes del campo, me sentÍa muy cansada y con hambre. Me dolían las piernas y los pies. ¿Pero cómo quejarse? Los prisioneros de Dachau comían en la mañana, cuando les permitían hacerlo, un pedazo de pan seco, café ralo y en ocasiones especiales una cucharada de jalea. Y luego a trabajar todo el día para volver, si se les permitía y si seguían con vida, y tomar una sopa rala. Sin duda alguna, los que sobrevivieron se alimentaban de amor y solidaridad.

Platos de prisioneros

Y allí, ante toda esta absurdidad, uno no puede hacer nada más que preguntarse, ¿por qué tanto odio? ¿Cómo pudo un hombre desencadenar tanta aversión por lo desconocido y por lo distinto e influir tanto a sus seguidores al punto de hacerles cometer crímenes horribles e impensables y hacerles incluso creer que era lo correcto? ¿Por qué nunca nadie le sugirió que no había motivo de ser tan cruel? ¿Dónde estaba su hermana? ¿Dónde estaba su novia? ¿Algún buen amigo o pariente? Nadie.

Tal vez nunca tuvo una persona que lo amara realmente y por lo tanto nunca conoció el amor y la compasión. Lo que sí tenía seguramente era el don del habla. He visto varios discursos suyos y su voz y gestos son hipnotizantes. Puedo imaginarme alemana, pobre, en un país arrodillado luego de la derrota de la Primera Guerra Mundial, sin trabajo, desesperada y en frente de mí un político extremista que me promete progreso, me promete acabar con todos los males y me promete un futuro mejor. Esa es la gente que veo en los videos que saluda a Hitler con devoción cuando pasa en medio a la multitud por las calles en Berlín o en alguna otra ciudad. Tal vez cuando empezó la violencia y el crímen contra la humanidad fue imposible retractarse. Los alemanes que lo hacían terminaba en campos de concentración como todos los judíos. De hecho, en Dachau la mayoría eran alemanes opositores del nazismo.

Crematorio

Crematorio

Visitar Dachau fue duro. Caminar por las misma tierra donde murió injustamente tanta gente inocente deja seguramente una huella en el corazón y en la memoria. Que no se olvide nunca lo que pasó allí y que el odio racial nunca vuelva a ser motivo de guerra. Es preocupante lo que está pasando en Europa con la inmigración y la poca tolerancia que gira alrededor de ello. Siendo inmigrante creo que es importante respetar el país donde se llega, sus leyes, y sobretodo su gente.

La educación, la tolerancia, la libertad de expresión, el respeto y sobretodo el amor  – macht frei – te harán libres.

Alambre espigado

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